Novedades |  Archivos anuales
Mártires del karaoke : Anton Maiden

En los tiempos que vivimos la palabra friki ha perdido todo el sentido que tuvo en el pasado. Lo que antes era un término despreciativo, hiriente y cruel es ahora motivo de orgullo para muchos modernillos que buscan de forma casi desesperada el reconocimiento como friki dentro de su entorno de amigos/conocidos.

Leer comics, escuchar rock alternativo, ver películas coreano-taiwanesas en versión original, acudir a exposiciones o vestir diferente al catálogo de H&M son rasgos muy comunes entre toda esa gente a la que se tilda actualmente de friki. ¡Qué fácil y qué divertido es ser friki hoy en día! Qué coño, ser friki mola. Cualquiera con un mínimo de buen gusto desearía ser un friki. Además, hay tanto friki que no serlo te convierte automáticamente en un friki... No sé si me explico bien.

Sin embargo, no hace mucho ser un friki era duro. Muy duro. Había que tenerlos muy bien puestos para ser un friki. Ser friki suponía ser objeto de burla de los que te rodeaban. El aislamiento y la soledad eran la única salida de estos seres que, por pura cuestión hormonal (jamás por cuestión de pose), disfrutaban de gustos y costumbres diferentes a los demás. Y no sólo eso, sino que además lo asumían publicamente y sin miedo. Con un par.

Estos pioneros sufrieron la incomprensión de aquellos que les rodeaban. Sus coetaneos fueron incapaces de entender que esos a los que consideraban frikis eran ni más ni menos que unos adelantados a su tiempo. Personalidades de carácter genial.

Uno de estos pioneros, a la par que un frikazo de cojones, fue Anton Gustavsson, rebautizado para la posteridad como Anton Maiden. Este chico sueco era, a finales de los noventa, uno más de esos post-adolescentes completamente abducidos por los agudos imposibles de Bruce Dickinson y el ritmo de caballería imprimido por Steve Harris. Tal era su pasión por Iron Maiden, que no dudó en emular al propio Dickinson en la intimidad de su habitación. Pero Anton no se conformaría con cantar "a duo" con Dickinson cuando sonaban a todo trapo en su cadena Powerslave, Live After Death o Piece Of Mind. Anton tenía pasión por los ordenadores (como todo buen friki) y enseguida intuyó el enorme potencial de la cada vez más popular internet.

En una de sus habituales sesiones de navegación onanístico-científica por internet, Anton descubrió una página web que permitía descargar gratuitamente un arsenal de versiones de Iron Maiden grabadas en formato midi, esos divertidos archivos sonoros compuestos únicamente con teclado, de escaso peso y preparados para poder oirse en cualquier sistema operativo. Los archivos midi no reproducen la voz humana, así que Anton tenía en su poder una interesante colección de temas instrumentales de Iron Maiden ejecutados con teclado, al más puro estilo gitano-con-cabra. Anton decidió ir más allá. Compró un micro de 9 euros (¡para qué uno más caro cuando el talento está ahí!), se hizo con un rudimentario software de edición de audio y como si de un karaoke se tratase, Anton añadió su voz a 11 temas clásicos de Iron Maiden.

El carácter apocado del joven Anton (un alumno de secundaria ejemplar cuyo único vicio conocido era el consumo compulsivo de Keso, su marca sueca favorita de... queso, evidentemente) se transformaba en pasión incontrolada cuando agarraba el micro ante su ordenador y se desgañitaba chillando "run to the hiiiiiills / run for your liiiiiiiiffeeee!!!!" o "two!! minutes!! to miiiiiiidnightt!!!" sobre unas lineas de teclado increiblemente fieles a los guitarrazos originales de los Maiden.

Pero lo que surgió como una actividad privada para el disfrute de Anton y de sus amigos iba a convertirse en un fenómeno de masas de funestas consecuencias. Ulf, su mejor amigo, alucinó con las canciones y propuso a Anton colgar los nuevos temas en Internet. Anton decidió grabar un CD con todos esos temas, titularlo Anton Maiden y colgarlo en un servidor de webs gratuito. Resultado: en poco tiempo el servidor registraba 1.800 descargas semanales del disco. Podemos, pues, estar hablando del primer ídolo de masas gestado en internet.

El fenómeno Anton Maiden provocó la locura colectiva no sólo en Hässleholmen, la localidad donde vivía, sino en toda Suecia. Anton era reconocido en todas partes. La prensa sueca le dedicaba espacios en televisión. Incluso alguno de sus temas llegó a las radios neoyorkinas alternativas. Anton se había convertido en una celebridad de la noche a la mañana. Pero no todo era de color de rosa. Su cuenta de correo recibía diariamente también crueles comentarios del sector más conservador de fans de Iron Maiden, que acusaban al bueno de Anton de desprestigiar a su banda favorita. La insistencia de estos ataques terminaron con la paciencia de Anton, quien aseguró que no iba a grabar nunca una continuación de su CD de debut. Poco a poco su presencia en los medios fue remitiendo, hasta que pareció que el terremoto Anton Maiden era cosa del pasado. Eso sí, en Internet su CD seguía siendo objeto de culto entre la comunidad de usuarios de programas de intercambio de MP3.

Cuatro años más tarde, en 2003, Anton Gustavsson era encontrado muerto en su apartamento. La policía diagnosticó suicidio. La presión y el peso de la fama terminaron con un chaval que tan sólo quería disfrutar de la música de sus ídolos, Iron Maiden. Una vez más, otro genio moría antes de tiempo y se unía a ese selecto club formado por Hendrix, Cobain, Joplin, Bon Scott... Descanse en paz este auténtico mártir del karaoke.

Y vosotros ya tardais en haceros con su primer y único álbum.

Nekén - 25.03.2005
Haz clic sobre la foto para verla ampliada:
 
Créditos   |    Contacto   |    Colabora   |    Regístrate
© 1999-2007 WWW.RIFF-FANZINE.COM