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Festival Azkena 2004
Vitoria, 9-12 de septiembre Llegó el Azkena y, con él, la polémica. La resurrección es un arte complicado que muy pocos o nadie domina. Para colmo, en el mundo del rock, la resurrección de bandas es una práctica tan habitual como el consumo de drogas, el lanzamiento de televisores por la ventana o las manos cornudas en los conciertos jevys. ¿Qué sería de nosotros sin la enésima gira de despedida de Kiss, sin una hipotética reunión de los Zeppelin vivos planeando en el horizonte o, aún mejor, sin un revival de los Ramones con Marky cubriendo las espaldas a los Strokes? ¿Y Danzig? ¿Se unirá algún día a los Misfits? Sin estas preguntas la vida no tendría sentido, sin esas incógnitas flotando en el aire el rock dejaría de ser un putiferio y, sinceramente, nadie quiere que esto último ocurra. Es un hecho comprobado: no hay festival rockero que se precie sin un par de milagrosas resurrecciones en su cartel. Ocurrió en el Z 2002 con los Hanoi Rocks, con Iggy y los Stooges en el Azkena en el 2003, con Arthur Lee en el BAR, Stray Cats en Crossroad 2004... y seguirá ocurriendo mientras haya mitos por desenterrar. El problema de las resurrecciones es que, lo escribió Mary Shelley, el Frankenstein se puede desmandar calle abajo, ponerse a hacer fechorías y, en el peor de los casos, acabar en un karaoke cantando Jumping Jack Flash. Algo así ocurrió en la edición de la consolidación del Azkena 2004. Los organizadores jugaron a ser Prometeo y el resultado dividió a una audiencia que nunca antes había pronunciado tantas veces la palabra "karaoke", sin duda alguna el vocablo de moda en el festival. Sobre las 6 de la tarde del viernes y bajo un abrasador sol, y eso que se temía que el ARF'04 fuera el diluvio universal, salía al escenario este trío de Los Angeles Mother Superior, un horario poco adecuado para una banda de sus características. A pesar del calor los Mother Superior supieron mantener al público en su sitio, y es que su rock con feeling soul es dificilmente resistible. Durante el poco tiempo del que dispusieron tocaron temas básicamente de sus dos últimos trabajos, con Jaded Little Princess como momento álgido del concierto. La banda en directo suena contundente y relativamente similar al estudio, con lo que los que sólo los hayáis oído en disco os podréis hacer una idea de como suenan. Poco más a señalar excepto que fue un gran concierto, pero lo mejor del día aún estaba por llegar. Seguramente uno de los grupos más esperados del festival, Urge Overkill volvían a reunirse tras años de silencio durante los cuales Nash Kato sacó su disco en solitario Debutante, y que no solo no decepcionó si no que superaron ampliamente las expectativas. Ataviados en sus ya clásicos trajes setenteros, Eddie "King" Roeser con unos Kilitos de mas todo hay que decirlo, los de Chicago nos obsequiaron con uno de los mejores conciertos del festival y el mejor del viernes en mi opinión. Mucho más sucios en directo de lo que uno se puede imaginar oyendo sus discos pero con la clase que se espera de ellos tocaron temazo tras temazo, la mayoría de Saturation y Exit The Dragon, empezando fuerte con Erika Kane como tercer tema. La mayor parte del repertorio se basó en sus temas más enérgicos aunque no faltó su archiconocida versión de Girl You'll be a Woman Soon de Neil Diamon que los llevó momentáneamente a la fama gracias a estar incluida en la banda sonora de Pulp Fiction y que precisamente me pareció lo más "flojo" (ojo, entre comillas) de su concierto. Definitivamente, los de Kato y compañía tienen un sonido en directo muy diferente a la limpia producción de sus discos, lo cual me parece fantástico visto lo visto. Nadie más pudo igualar ese día el espectáculo de los Urge Overkill, por más pedigrí que tuvieran, lástima que fuera un festival y nos quedamos sin bises. Lo de ver a Lanegan al aire libre, perdido en la inmensidad de un escenario festivalero no era algo que me convenciera demasiado. Aunque el ex-Trees mantenga el halo de misterio propio de una sala reducida (iluminación ultratenue, inmovilismo absoluto, nula comunicación con el público...), la sensación de verle en un contexto tan festivo no deja de ser amarga. La principal novedad con respecto a giras anteriores fue la inclusión de una voz femenina a los coros que no supo o no pudo estar a la altura de las circunstancias: su presencia fue esencialmente anecdótica -esos brazos tatuados, esa pose desafiante...- y apenas dejo huella sónica. Lanegan comenzó juguetón, disparando un tema potente, haciéndonos creer que el repertorio iba a ser enérgico, con alguna que otra versión de los Trees pero luego enfiló I'll Take Care Of You, When Your Number Is Up... y la escasa iluminación violeta hizo el resto. Después del austero concierto de Lanegan cambiábamos completamente de tercio para ver a los cachondos Fun Lovin' Criminals. Todo un acierto colocarlos el mismo día que Urge Overkill ya que aunque no se parezcan musicalmente la relación extramusical entre los dos grupos vía Tarantino y el cuidado de la imagen es evidente. Ya los había visto hace un tiempo en Barcelona y el concierto que nos ofrecieron esa noche poco tuvo a envidiar al anterior, el grupo se adapta perfectamente al formato de festival e hicieron vibrar al público como pocos. Abrieron el concierto con la cañera Bombin' The L y fueron calentando al personal con un repertorio que tira de espaldas como era de esperar en ellos, centrado sobre todo en sus dos primeros discos, Come Find Yourself y 100% Colombian, los cuales aún no han podido superar con su siguiente LP, Loco. Tan pronto te pueden hacer saltar con un trallazo como 10th Street como soltarte un magnífico tema soul como Love Unlimited con su coreado estribillo. Huey no paró de bromear durante todo el concierto, o sea, su papel habitual, mientras el resto del grupo se mantenía en un discreto segundo plano. No faltó tampoco su tema más conocido, Scooby Snacks, pero creo que si se lo hubieran saltado a nadie le hubiera importado tampoco ya que el resto de temas están a un nivel igual o superior en su mayoría. Estos neoyorkinos son un valor seguro, que dure. Ryan Adams fue la primera decepción del Azkena. Al señor Adams se le fue el concierto completamente de las manos desde el principio. Ante un público ya cansado y sin ganas de prestarle un mínimo de atención fue incapaz de conducir el concierto a buen puerto. Basó su repertorio en sus temas mas calmados, tampoco es que tenga muchas canciones cargadas de adrenalina para ser sincero, lo que ayudó aún más a la escampada de personal que aprovechó para ir a comer, hacer sus necesidades, comprar en los tenderetes o simplemente para dormir en la hierba. Tampoco ayudaron en absoluto las largas pausas entre temas, al parecer tenía algún problema con su guitarra, ni sus bromitas con poca gracia. Al final del concierto ya lo daba todo por perdido y fue completamente a su bola, precisamente ese tramo final fue para mi lo mejor de su concierto, no sé si el cabreo le ayudó a inspirarse o cual fue el motivo pero los cuatro o cinco temas que tocó le salieron redondos. Ryan Adams no es un hombre para un festival de esas características, espero poder verlo próximamente en una sala más adecuada a él. De todos modos no fue el peor concierto del festival, para eso nos esperaba el karaoke de los Flamin' Groovies el día siguiente. Y en esto que aparecieron los MC5 con un saltarín y entusiasta Wayne Krame haciendo de maestro de ceremonias, Mark Arm desgañitándose a su gusto, Nicke Royale haciendo las veces -es un decir- de Fred "Sonic" Smith y el resto de la banda cumpliendo con su cometido en un segundo plano. La actuación de los Motorcityfive fue, junto a la de Ryan Adams, la más polémica del festival y no porque los de Detroit dieran un concierto lamentable sino porque jugaron con fuego -también llamado nostalgia- y ello no fue aceptado por un sector de fundamentalistas rockeros de la audiencia. Desde mi modesto punto de vista, la actuación fue una delicia: rompieron el hielo con Ramblin' Rose y luego fueron cayendo las perlas (I Can Only Give You Everything, Sister Anne, Over and Over...) que todo el mundo estaba esperando. ¿Un ambiente demasiado festivo para un grupo de estas características? Pues sí. Hubo quien lo comparó a las actuaciones de las fiestas de los pueblos y quien se sintió engañado y quien, a juzgar por los comentarios, debió asistir al bolo del Grande Ballroom de Detroit en 1968 en el que se grabó Kick Out The Jams porque si no, no hay forma de explicarse tal grado de autoridad para juzgar un grupo fenecido hace ya 30 años. Lo mejor del show fue, sin duda, verle a Lisa Kekuala de Bellrays abordar Motor City Is Burning, pasear su neumático cuerpo por el escenario y dejar claro que ella, con su voz, hace lo que le sale de los genitales. Los australianos Radio Birdman llegaron a ser un grupo de culto con un solo disco editado en vida, Radios Appear, y otro editado después de su desaparición, Living Eyes. Recientemente se han vuelto a reunir de la mano de Rob Younger para alegría de todos los que llegamos tarde. Como suele pasar en estos casos de revival lo lógico esperar es un grupo de abueletes con tejanos haciendo versiones de las canciones que tocaban cuando eran unos chavales. Pues bien, un poco de pinta de abuelo sí que tiene Younger no voy a negarlo, pero a parte de eso están en plena forma, seguramente en el caso de Rob el hecho de seguir en activo con los New Christs haya ayudado en este sentido. Aún y tocar a última hora, empezaban cerca de las cuatro de la madrugada, la cantidad de asistentes que se quedaron par ver a los Birdman era considerable. Empalmando clásico tras clásico, Murder City Nights, Burn My Eye, etc... nos quitaron el sueño de golpe y aunque muchos, al menos yo, ya no podíamos ni movernos casi del cansancio conseguimos aguantar hasta el final. Younger no estaba tan cansado como nosotros y no paraba de contornearse a su peculiar manera mientras algunos valientes aún tenían energías para saltar y mover los brazos en las primeras filas. Una muy buena manera de acabar el día a ritmo de rock'n roll (o era punk?). Radio Birdman nos demostraron que no hace falta tener veinte años para transmitir energía desde un escenario. Reconozco que los bises, iniciados con una versión de los Stones, me pillaron saliendo del recinto y mis piernas no respondieron a la llamada del cerebro con lo que me los perdí. Sábado Temprano empezaba el show de Kaplan, a las cinco de la tarde. Con sólo dos discos, California Heart y Ride Free, y poco conocido por aquí supongo que fué una sorpresa para mucha gente. Su música navega entre el country-rock, por algo el bueno de Kaplan es fan de Gram Parsons, y el rock setentero, similar a Marc Ford en solitario para que os hagáis una idea, y con un look a lo Black Crowes. Su show fue a más a medida que la gente se calentaba después de la sorpresa inicial, aunque también hay que decir que había muchas personas que ya lo conocían y coreaban sus canciones desde el primer momento. Lógicamente todos los temas que tocaron fueron de los dos discos editados excepto una canción nueva que supongo formará parte de su nuevo trabajo. El único punto débil fueron los Lazy Stars, que pese a interpretar los temas perfectamente, no daban impresión de estar disfrutando realmente del concierto, en especial el batería, Bugsy, que ponía una cara de sobrado considerable. De todos modos, Johnny parecía disfrutarlo por todos y nos ofreció un entrañable concierto, incluso le permitieron tocar una canción más de las acordadas. A estas alturas de la película, Backyard Babies ya no sorprenden a nadie. Su principal enemigo -y el de otros grupos escandinavos- son sus constantes giras y dos discos que les acercan en demasía a la comercialidad y alejan de la rabia, la suciedad y el sudor del ya mítico Total 13. Una vez asumido esto, ¿qué se puede decir en contra de una banda que cuenta con un torbellino como Dregen? Gusten o no, los Babies siguen derrochando actitud, imagen y presencia escénica y aunque la hora no era la mejor para verles (cosas de los festivales...) la actuación fue tan potente como cualquier otra, aunque los prejuiciosos repitan una y otra vez que la banda ya no es la misma, que no tienen garra, ni tal, ni blablablabla... Comenzaron con Everybody ready? y abordaron un repertorio equilibrado con tesoritos del Total 13 (Highlights, Made Me a Madman...), los temas habituales del Makin' Enemies (Star Wars, The Clash...) y novedades del Stockholm Syndrome como la coreada Minus Celsius. Yo, la verdad, no entiendo cómo alguien se puede aburrir viéndoles. Fueron los Wildhearts los que pusieron la nota más dura y metálica a un festival que, desde mi modesta perspectiva, se volcó demasiado en la faceta más acústica y campestre del rock. Ni The Silos, ni Matthew Sweet, ni Josh Rouse Band despertaron grandes pasiones en los asistentes que aprovecharon estos shows para retozar en la escasa hierba del recinto de Mendizabala. La grandeza del show de los Wildhearts residió en que fue un espectáculo único, nada ni nadie en todo el festival se acercó ligeramente a su sonido, a su puesta en escena -con continuas, carreras, idas y venidas por el escenario- ni a su propuesta. Ginger demostró sus tablas como hábil frontman compaginando el salvaje headbanging con las melodías pop tocando palos de casi todos sus discos haciendo especial hincapié Earth VS Wildhearts y dejándose en el tintero uno de sus singles más exitosos, I Wanna go where the people go. Como buen fan de los Wheelies me dirigí al escenario donde tocaban los de Nashville cuando The Wildhearts aún estaba ofreciendo su show para ponerme en primera fila, gran error, no debería haberme movido de ese escenario desde que Mathew Sweet finalizara el suyo, las primeras filas ya estaban abarrotadas de gente aplaudiendo cada vez que salía un roadie o un miembro del grupo a comprobar algo, me conformé con estar a unos pocos metros, lo que tampoco estaba mal. Quien no los haya oído nunca se preguntará el porqué de tanta expectación. Pues bien, si a este alguien le gusta el rock americano que adquiera cualquiera de sus discos, el homónimo The Screamin' Cheetah Wheelies, el maravilloso Magnolia, y el ultimo Big Wheel, o cualquier directo y comprenderá el porqué. Si a esos discos le sumas el hecho que llevaban unos años de separación y que no habían tocado nunca por aquí, sólo el cantante Mike Farris se había acercado a presentar su fantástico disco en solitario, Goodnight Sun, aún hay mas razones para ello. Finalizado el concierto de The Wildhearts la expectación era si cabe aún mayor hasta que los Wheelies salieron al escenario con la mejor bienvenida por parte del público que yo recuerdo del festival. Sonaron las primeras notas y algo mágico ocurrió, la comunión con el público fue total y todos nos dejamos llevar por la grandiosa voz de Farris y los desarrollos del resto del grupo. Ni siquiera cuando un fallo eléctrico nos dejó sin sonido a los pocos temas la cosa se enfrió, Mike cantó a pecho descubierto mientras que los afortunados que lo podían oír coreaban la canción hasta que volvió el sonido y continuaron donde se habían quedado. Farris es un gran tipo pero el que se llevó la palma en cuanto a bromas fue el guitarrista Bobby Watkins a grito de "Cerveza!!!" y otros improperios. Me es imposible recordar todo el repertorio del show ya que estaba demasiado emocionado coreando la canción que sonaba en ese momento como para acordarme de lo que habían tocado diez minutos antes, pero como es de suponer mirando su discografía, éste fue poco menos que impresionante. Ahí estuvieron las coreadísimas Hello From Venus y Ride The Tide, Magnolia, Boogie King, su versión de Right Place, Wrong Time e incluso una versión del Jailbreaker de AC/DC ¡en homenaje a Pamparius de Turbonegro! Pocas veces he notado en un concierto que la gente se lo esté pasando tan bien, mirabas al tipo de al lado al que no conocías de nada y te devolvía la mirada con una sonrisa de oreja a oreja por ejemplo. Los SCW parece que tampoco se lo creían y sus sonrisas eran si cabe aún más grandes. Desafortunadamente estábamos en un festival y cuando llegó la hora no pudieron salir a hacer ningún bis, ni siquiera cuando el público no se movía del sitio pidiéndolo y Watkins hacía intentonas de salir a escenario mientras retiraban los instrumentos. ¡Había empezado el concierto de Violent Femmes y un numeroso grupo de personas aún estábamos ahí pidiendo un bis y aclamando a los Wheelies! Probablemente el mejor show del festival que nos dejó a los fans con ganas de más y que seguro les consiguió un buen puñado de adeptos más. Después del show Farris y algún otro wheelie, yo sólo pude ver a un emocionado Rick White, bajaron del escenario para hacerse fotos con los fans y firmar todo lo que les pusieran delante. ¡¡Que vuelvan pronto por dios!! Pasadas las cuatro de la mañana y tras las actuaciones de Violent Femmes (ideal para fans, indiferencia para los no iniciados) y The Flamin' Groovies (un auténtico esperpento, el paroxismo del karaokismo antes citado...) salieron a escena unos pletóricos Turbonegro. Con media audiencia alcoholizada y la otra media deseando recuperar la adrenalina supurada con los Wheelies, los noruegos no tuvieron que esforzarse demasiado en poner un broche de platino (el oro lo dejamos para otro año) al festival: hubo oscuridad, hubo circo, hubo mariconeo, hubo sangre, hubo almohadas de plumas, hubo espectáculo, hubo stage diving por parte de un etilizado Pamparius, cayeron sus megahimnos de apología gay (Get It On, Prince Of The Rodeo, Sell Your Body (To the Night) y enfilaron el climax del show con The Age Of Pamparious y una coreadísima (no podía ser de otra forma) Erection, uno de los gags rockeros más efectivos y cachondos que se pueden ver sobre un escenario. ¿Opiniones? Las hay tantas como culos, se dice. A pocos conciertos he asistido en los que hubiera tantas y tan diferentes impresiones sobre los artistas que han tomado parte. ¿Aspectos a mejorar? De momento, democratizar el precio de la bebida -auténtica alma mater y cabeza de cartel de todo festival-, no abusar de los shows de reunión y giras revival y, diablos, apostar más por el hard-rock o por vertientes más festivas de la música del diablo. We want to party, Rock the party! Gonzo Rocks - 24.09.2004
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