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Downset
Sala Azkena (Bilbao), 11.marzo.2005 Así, a primera vista el recital pintaba mal. La última y única vez que Downset se habían acercado por estas tierras (amén de sus archiconocidos teloneos a Pantera en el 94) fue en octubre de 2002. Los angelinos se dejaron caer por la Jam de Bergara en lo que fue uno de los conciertos más desastrosos y bochornosos que he contemplado nunca. El resto de la audiencia pensó igual y, al finalizar el show, hubo algún que otro amago de violencia justificada por la brevedad del show, la desgana del grupo y el absoluto pasotismo con el que afrontaron su compromiso con las apenas 200 personas que nos reunimos. “Tras esto, se separan y no vuelven nunca”, pensamos a juzgar por el mal rollo que desprendía el grupo y la extraña formación que trajeron con Roy Z, el productor, a la guitarra. Han pasado dos años y medio desde aquello, Downset traen nuevo disco bajo el brazo y se atreven (sí, se atreven) a volver a tocar frente a una audiencia que, en su día, acabó cabreadísima con ellos y su discurso panfletario-chicano-demagógico. Pero nos equivocamos. Downset vinieron con ganas, con una banda en condiciones –Ares a la guitarra- y con la sanísima intención de sonreír entre alegato antiracista y discurso progre contra Bush y otros malos malotes de los USA. A estas alturas de la película, Downset sólo atrae a un tipo de público a sus conciertos: los pobres incautos que se engancharon –nos enganchamos- a su básica propuesta allá a mediados de los noventa. Se notó al contemplar la chavalería que acudió única y exclusivamente a ver uno de los grupos teloneros –los alemanes Maroon- y, de paso, lucir palmito, ropa cara y repartir ostias. Cuando Maroon finalizó su actuación, los niños violentos desaparecieron y la vieja guardia se apostó en la primera fila para que Oropeza comenzara a cantar en su puta cara los himnos que, no por previsibles, pierden empaque: Empower, Play Big, Eyes Shut Tight –que minutos después sería solicitada de nuevo por un fan (¿) raro, raro-, Ritual... El repertorio –si se conoce, si se disfruta, si forma parte del tejido sentimental de cada uno...- se goza sobremanera porque a todo el mundo gusta gritar, rodeado de una hermandad casual, eso de Sangre de mis manos, Breed the Killer, Which Way y, por supuesto, Anger que cerró el concierto dejando a todo el mundo –fans nostálgicos no demasiado exigentes, para sincerarnos, entre los que me incluyo- contentísimo. El show tuvo algún que otro momento sonrojante típicamente Downset como el speech de Oropeza sobre si debemos preocuparnos por lo que dice nuestro corazón o por la marca de nuestras zapatillas -"por nuestro corazón!!!!", gritó un pobre incauto- pero esas cosas se aceptan, se digieren y se olvidan porque, diablos, ¿qué sería de nuestras vidas sin ese divertido telediario del ghetto angelino que son sus discos? ¿La banda? Muy bien. Tienen un bajista nuevo que ha visto demasiados vídeos de Korn pero no desentona en el engranaje Downset, junto al brutote Ares y el discreto batería. Oropeza ha adelgazado -se agradece- pero sigue manteniendo la bizarra costumbre de salir con una toalla –rosa, en este caso- de bidé al escenario para limpiarse el sudor de la cara. De los teloneros Maroon ya se ha dicho todo aquí y en la crítica del bolo de Barcelona y de Demean... pues que son muy brutos, que canta Ares y que su canción Today We Rise da miedo físico. Pero esa, es otra historia. Gonzo Rocks - 13.04.2005
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