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Killing Joke
Primavera Sound (Barcelona), 2.junio.2006 No soy de los que han tenido que esperar 15 años (Zeleste 1991, Pixies como cabezas de cartel) para volver a ver en directo a Killing Joke. De hecho, y pese a haber escuchado su nombre infinidad de veces como banda imprescindible de los 80 y poderosamente influyente en bandas de la talla de Soundgarden, Nirvana o A Perfect Circle, no escuché un disco completo de Killing Joke hasta hace unos tres o cuatro años. Fue abrir Pandemonium y quedar atrapado para siempre por una banda fuera de lo común, de difícil clasificación por la personalidad de sus miembros y por su extensa y mutable discografía, que les ha llevado del post-punk al rock industrial a lo largo de casi 30 años juntos. Y los conocí gracias a la persona que tenía delante mío esa noche en el Forum y que se volvía literalmente loco en primera fila, ante la presencia de Jaz Coleman. Su comportamiento no podía parecerme más lógico: Killing Joke completaron una actuación inolvidable para todos los que estuvimos allí, en un escenario, eso sí, un tanto ajeno al que debería haber alojado a un grupo de sus características. Ni el Forum de la especulación, ni la depuradora cercana al escenario, que nos deleitó con un persistente aroma fecal a lo largo del show, eran el sitio adecuado para disfrutar de un concierto de Killing Joke. Hora y media antes había estado charlando con Jaz Coleman, líder y cantante del grupo. Más que hablar, había estado escuchando su interminable discurso de ritmo pausado y voz firme. Un discurso del que yo no sabía discernir si su autor estaba lúcido o si me estaba tomando el pelo. Pero durante la charla, Coleman, un firme creyente de lo paranormal, vaticinó algo que cumpliría horas después: realizarían el sound-check 15 minutos antes del show, con un par ("por algo somos la mejor banda del mundo"), el sonido sería impecable y el setlist ("que improvisaremos sobre la marcha", esto sí parecía una auténtica boutade) podría ser perfectamente el de la noche de Zeleste de 15 años atrás. Sin concesiones a la galería. Dicho y hecho. Tras unos minutos calentando sobre el escenario y ante un público que cabría calificar de numeroso -para mi sorpresa-, Killing Joke presentaban credenciales: Jaz Coleman enfundado en un mono negro y con la cara pintada como un clown, con aspecto enajenado, moviéndose espasmódicamente y con su profunda voz poniendo voz al apocalipsis: " Communion" para empezar. Tras este tema de Pandemonium (1994), Coleman y los suyos viajaban 25 años atrás para recuperar su gran clásico Killing Joke (1980), del que únicamente olvidaron tocar su himno "Requiem". Ésta y "Love like blood" fueron sin duda las grandes olvidadas del repertorio. Junto a piezas de su primer álbum homónimo, rescataron temas como "Frenzy" y "Unspeakable" -dedicada por Coleman a un periodista británico que le había invitado a un cubata horas antes y al que le prometió dedicársela-, más material de sus primeros discos que, pese al paso del tiempo, sonaron con una contundencia y solidez propias de sus últimos trabajos. Geordie, el otro miembro original que se mantiene en la formación británica, posiblemente el guitarra inglés del rollo gothic y post-punk más elegante de los 80 con permiso de Billy Duffy, daba cuerpo a unos temas que sonaban más actuales que nunca. Junto a él, tres músicos desconocidos para mí, de los que destacaría al batería, una auténtica máquina especialmente cuando Killing Joke abordaron durante la franja central del show las canciones pertenecientes a sus dos últimos discos (sólo un corte de Hosannas From The Basement Of Hell y dos de su extraordinario homónimo de 2003). El concierto se mantuvo in crescendo, con Coleman en éxtasis pidiendo al público que saltase, que acompañase a la banda en los estribillos (el grupo se atrevía con temas calmados como "Bloodsport" y hasta con trallazos industriales de lo más pesado como "Whiteout"), soltando discursos políticos entre tema y tema, hablando sobre la virgen de Montserrat ("the Black madonna", verídico),... el puto amo, señores. Así hasta que cerraron su actuación tal como la habían abierto: con otro de sus himnos, Pandemonium, y con el público pidiendo más tras hora y quince minutos brutales. Que algún promotor los traiga de nuevo pero al Razz 2, por dios. Una banda con 30 años a sus espaldas, que publica este año un artefacto como Hosannas From The Basement Of Hell y que tiene un directo como este lo merecen. Y sus fans más. Nekén - 10.06.2006
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